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Soledad del Hombre Mujeriego

15 Jun

Hay una creencia en relación a los hombres que suelen ser grandes seductores, o considerados mujeriegos. La sociedad cuando cuestiona a un hombre infiel, o que suele mantener relaciones efímeras con distintas mujeres, lo ve como seres súper dotados, calificados como irresistibles por sus encantos ya sean internos o externos frente a las féminas. Felizmente, en estos tiempos la percepción de la humanidad frente a estos Don Juanes está cambiando, en el sentido de poder apreciar su lado oculto, la gran soledad que los acompaña.

¿Qué acoge la soledad que los acompaña? Hombres mayormente con grandes dificultades para poder comprometerse con una mujer, que más aún desconocen la fidelidad. Y además, con cargas agresivas hacia la pareja muy intensas, siempre traicionándola y engañándola. 

¿A quién le miente este hombre? Será que en su fantasía le miente a su propia madre, a la huella de esta madre no tan sostenedora, ni suficientemente buena de su infancia, será una forma de vengarse de esta madre con cada mujer a la que parece amar, y que en realidad solo maltrata y abusa. 

Por otro lado, ¿qué le queda al macho luego de cada encuentro furtivo o polvo al paso con cualquier desconocida? 

La desgarradora soledad, escoltada de sensación de vacío, y el gran dolor de ni siquiera recordar el nombre de su amante de la noche pasada. Grandes machos envueltos en un sin fin de sentimientos irresueltos de su infancia creándoles constantemente dolor, el dolor de no poder amar lo suficiente, y mas aún de no permitirse ser amados. 

Algunos de ellos asocian su desbordado gusto por las mujeres a la herencia familiar, es decir al legado de mujeriegos de la estirpe, rememorando cuando fueron llevados por sus progenitores a algún burdel para hacerse hombres, y lo bien que se sintió su padre por esto, pero no ellos. 

Es curioso, pero hasta ahora no he conversado con ningún hombre que recuerde este momento como grato o satisfactorio, de hecho algunos han analizado la situación y lo han relacionado con el abuso que han ejercido con ellos de chicos, violentándolos con cualquier prostituta, donde ellos tenían que disimular algarabía cuando en el fondo se sentían utilizados, aterrados y muy solos. 

¿Qué hay con el padre del mujeriego? Es sorprendente, pero en cada historia narrada por uno de ellos, al llegar al punto del padre de la infancia, nos encontramos con progenitores que prácticamente los abandonaron porque siempre anduvieron más pendientes de satisfacer sus propias necesidades que las de sus pequeños hijos. Clínicamente hablando, el padre es quien instaura el súper yo (conciencia moral) en el hombre, sin embargo, qué sucede cuando el padre no ejerce el rol de padre, ni de autoridad, ni de jefe de familia. Cuando por el contrario es un adolescente más de la familia viviendo alocadamente, y transgrediendo leyes, ¿qué sucede con los hijos de estos hombres? 

La respuesta es clara, estos hijos lamentablemente, tendrán que caminar demasiado para entender que ellos son distintos a este padre, quien a la larga los abandonó, y ahora ellos son condenados a vivir con ese sentimiento de abandono al pasar de una a otra mujer, proyectando en ellas “el sentimiento de abandono”, en realidad muy propio de ellos. Es decir, la historia se repite una y otra vez. 

Freud (1910) describe las maneras en las que los hombres neuróticos se comportan en el amor: actuando la tendencia de convertir a una mujer comprometida en el objeto de su amor y de ese modo gratificar impulsos de rivalidad y hostilidad asociados a la situación edípica, experimentando un conflicto consciente e inconsciente entre la elección de una mujer idealizada, altamente valorada o una mujer tipo prostituta, sustituto degradado de la madre “instintiva”. 

Podemos pensar que en el mujeriego más allá de su soledad, también hay un gran sentimiento de frustración, en el sentido de no poder desear a la mujer que ama, y no amar a la mujer que desea. 

Ferenczi (1923) considera el coito como una regresión parcial a una vida intrauterina y escribe:

“el hombre penetra los genitales de la mujer con su pene, que es una representación en miniatura del yo”. 


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Publicado por en junio 15, 2011 en Uncategorized

 

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